domingo, 6 de junio de 2010

Arábigas

Dicen que hubo un sultán que amó tanto a una de sus esposas, que, cuando ésta murió, para tratar de olvidarla, prohibió por decreto su nombre, y toda mención hacia ella o hacia alguna de las partes de su divino cuerpo.

Horas después, derogaba esa misma ley, y no por la incomodidad de sus súbditos, si no porque a cada segundo, a cada instante, se veía a sí mismo colgado de la horca.

5 comentarios:

_Greed_ dijo...

¡Diiish! ¡He publicado la entrada por error!

Bueno, la dejo así, ya que el azar ha querido que se publicara hoy.

Ripser dijo...

qué casualidad..hoy que estaba esto tan vacío xD

Esquizombi dijo...

Sultán que sultaneas con amol xD...

Complejo de Úrsula dijo...

Corto claro y bonito.
Me gusta.
Besos,
Rocío.

Julia dijo...

Muy bueno eh?
Le he estado echando un vistazo. Y os voy a seguir.