domingo, 2 de mayo de 2010

Irrupción-Presentación

La depresión laberíntica dura años de inmersión ciega. Enervados fantoches se reafirman ante la alegre terrible perspectiva que tanto contradice su parcela oficial de visión vital registrada. El caos subterráneo se pasea por pasillos opresivos y enfermizas curas sin remedio lo hacen mantenerse en su piel, bajo su piel, sobre su piel, el reptil aire que lo rodea expeliendo polución y bajo el ego y el órgano una cosa oscura, dentro, una ficción absoluta e ilusioria con pseudópodos de negrura que aprovecha la más mínima vacilación para hacer emerger de entre las aguas sepulcrales sus extensiones de dolor, sobresalen por los orificios vitales azabaches tentáculos que rodean y golpean y espantan, y el hospedador corre sin ver por entre las pulcras calles mientras la gente se aparta de su determinista carrera para acabar neciamente golpeándose contra los muros hasta sangrar. Y es retirado por manos invisibles de la vista de cualquier transeúnte bienpensante para acometer derribado e inconsciente su día a día alcohólicamente triste de paria.Un día simbólico, que ya cree el último tren hacia el olvido, retoma la consciencia y acude a saludar el último día hasta la llegada del Sol Rojo, el Sol que es exterminio y pureza. Pero al abrir con sus fuerzas mermadas por su terrible huésped (quizás un ser de otro planeta, quizás un pequeño desliz genético) el ventanal siente que el aire ha cambiado. El aire. El aire simbólico, y en ese aire respirable se siente de repente desinhibido y lo envuelve una felicidad áurea y un regocijo ocasionado por la singular menudencia de que ahora el aire es respirable, entran por su mente ocasionales destellos que le evocan un flujo de impresiones. La impresión capital es la de que él lo vale, en su conciencia penetra a trompicones la idea de que puede llegar a serlo, le es lícito aspirar a eso (que no voy a especificar), y mientras todo esto va ocupando su discurrir en el tiempo la negra sabandija planaria se va exegéticamente reduciendo entre ardores de chillidos e infiernos supurantes.Y él supo todo esto, en parte lo intuyó entonces, pero cuando realmente se dio la cuenta suficiente como para relatarlo fue después y con la ayuda de ciertas personas a las que les agradecerá eternamente con días de rosas. Cuando se da cuenta de todas estas cosas, de lo que le queda para ser lo que siempre ha sido gloriosamente y no es, cuando decide volver a incurrir para crear sobre el substrato de números dementes pintados en las paredes decide que se sentiría bien por el simple hecho de escribir, aunque sólo sea una entrada, en un blog, y se dispone a hacerlo. El resto está siendo escrito ahora mismo

5 comentarios:

_Greed_ dijo...

Dos cosas...

No sé si lo has hecho queriendo, pero cuida que haya párrafos o algo, para la próxima vez, si vas a hacer algo tan grande. Si lo has hecho queriendo, no he dicho nada.

El final ME ENCANTA

Ripser dijo...

Si pretendo ser fiel a los arrebatos de prosa he de excluir el orden y el concierto :)

rafarrojas dijo...

a ver, q´me pierdo... quién es Ripser? dónde se sentaba?

_Greed_ dijo...

Óscar, se sentaba al final de la clase, de los pelos largos y desgreñados

Manuel Calavera dijo...

Cargado de la esencia ripseriana que caracteriza tus obras; sin duda, el final llena la historia de meritorio sentido.