miércoles, 5 de mayo de 2010

El fin de la rutina

Hoy levanté la mano y casi muero del asombro, porque un ademán se me cayó.

Abrí la boca para expresar tal conmoción y sólo salió una horrible expresión vieja y vacía, de olor a podrido. Fue entonces cuando empecé a darme cuenta de mi estado de putrefacción, al que ahora asisto impasible mientras escribo estas líneas, atacado por un afán de reportero morboso. Me toco la cara y ésta demuestra ser desplegable, y en la mano me encuentro un trozo de piel reblandecida, me tiro de los pelos y éstos se quedan en mis manos, abandonan mi cabeza embotada de gusanos y de parásitos que han llegado para quedarse.

A fuerza de llorar forzosamente, se ha caído un ojo al suelo, y aún tengo suerte si para cuando termine de escribir me queda el otro ojo, con el que podría hacer un hipotético intercambio con el barquero. Toda mi barriga, que es pequeña pero existe, empieza a hundirse y a ser un agujero, trozos de piel aún tersa se desgarran por las costillas flotantes. Mis piernas se doblan estúpidamente y ya no obedecen mis pensamientos, pronto vendrá algún enyalpa a por mí, ahora que estoy decididamente muerto, sin ideas, como rodando por un sueño.

3 comentarios:

Ripser dijo...

genial, aunque no sé que es un enyalpa

Manuel Calavera dijo...

Tampoco yo sé de la naturaleza de los enyalpas, pero sí es un texto que (si lo perseguías, lo has conseguido) revuelve las entrañas.

_Greed_ dijo...

Era mi intención, pero espero que por el contenido y no por la redacción XD...

Ya os hablaré de los enyalpas, más adelante...