lunes, 28 de marzo de 2011

Orgía

Todos se miran, sentados al invisible fuego. Es aún frío y resulta poco acogedor. Circe aún no había desplegado sus encantos para Ulises. Cualquier invitación ahora sería soez, rechazada en el acto. Ella sabía que aún es demasiado pronto.

Con parsimonia, ella dejó que las miradas helasen hasta herirse mientras examinaba a cada uno de los presentes. Muchos eran jóvenes e inexpertos, pero esa noche aprenderían. Ella es araña de miles de telas, teje sus artimañas en la más pura de las sedas, ata a los incautos en blancas, puras, castas redes. Luego,  los seduce y envenena.

Era aquel un lugar de soledad, un lugar de soledad compartida en que todos lanzaban risas nerviosas. El más joven de todos se levantó y, titubeando, empezó a contorsionarse. No era sólo que él aún no había oído hablar de los espantosos hechos que se celebraban en aquella cábala, era un rabioso ímpetu contra la decadencia, contra el hastío.

Así, el primer Ulises despertó de su larga y placentera ensoñación, vio a la maldita hechicera y huyó corriendo de aquella visión terrible, profética, a saber, que en su vida ya no habría vino dulce ni tampoco buena mujer con quien yacer, pues todos los placeres serían por siempre vanos e insípidos, la Flor Roja le había insuflado un deseo de desear tan ardiente como el sol.

El resto permanecieron; la vida sería breve, sería el éxtasis. Todos siguieron contemplando el invisible fuego, mientras Circe no dejaba de encenderse.

4 comentarios:

Manuel Calavera dijo...

Noto un cambio en tu estilo

Para complacerme

Un saludo

_Greed_ dijo...

Homero y mi padre me perdonen, por cierto.

Lero dijo...

"hans_schuder dijo en 27/03/11 16:35
PD. Maldita Lero/Circe, si fue por tu culpa ¬¬"

¿Qué sentido, Greed?

Julia dijo...

Aaaaaaah, este me ha gustado especialmente, Luis.